Tláloc y los pétalos sobre Acapulco

En el horizonte de Acapulco, cuando el sol comienza a teñir el mar de tonos dorados, Tláloc se alza solemne. No trae tormenta ni trueno: en su mano abierta vuelan pétalos de cempasúchil, como si fueran gotas de memoria que se esparcen sobre la bahía.  

Los pétalos, herencia del Día de Muertos, flotan en el aire y en el agua como un puente entre lo que recordamos y lo que está por venir. Tláloc, guardián de la lluvia y del tiempo, parece bendecir a la ciudad con esta ofrenda luminosa, recordándonos que la vida y la muerte son parte del mismo ciclo, y que cada diciembre abre un nuevo cauce para la esperanza.  

En cada pétalo que toca el mar se enciende un símbolo: la memoria de quienes partieron, la fuerza de la comunidad y la promesa de renovación. 

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